Hoy en día en el país permanecen recluidos 428 menores de
edad por motivos de inmigración ilegal.
Australia, país cuya legislación
migratoria tiene fama de la más dura entre los estados desarrollados, es el
blanco de una campaña global para acabar con la detención de los niños
migrantes.
En su página web
endchilddetention.org, activistas de la campaña llaman a firmar una petición
internacional dirigida al Ministerio australiano de Inmigración y grabar vídeos
en apoyo de los niños que permanecen reclusos en el territorio del país. Según
la cifra oficial, el número de los presos menores de edad que hoy en día están
en los centros de detención de inmigrantes ilegales es
428.
Los defensores de derechos
humanos acentúan que los períodos de reclusión para los niños suelen ser muy
largos, hasta varios años. Hay algunos que jamás estuvieron en libertad como,
por ejemplo, el más joven de los presos, un pequeño que nació en un centro para
inmigrantes ilegales hace 2 años y aún está allí.
Los organizadores de la campaña
subrayan que las condiciones en cada centro particular son muy diferentes,
incluso en algunos se permite a las familias cocinar su propia comida o los
niños tienen acceso a las escuelas públicas locales, aunque su contacto con los
lugareños es limitado. Sin embargo, en la mayoría de los casos todo es mucho
menos ‘optimista’. Los niños, a pesar de que no son responsables de ninguna violación
de la ley, tienen un acceso limitado a la educación: la práctica habitual es
solo permitirles clases especiales dentro del centro. Se les dificulta el
establecimiento de lazos con gente al otro lado de las rejas, dar y recibir
visitas.
Los defensores de derechos
humanos insisten en que los menores de edad no pueden ser responsabilizados por
haber inmigrado ilegalmente, da igual si han ido a Australia
con sus familias o solos, y mucho menos cuando han nacido en el país, con lo
que no hay una base legal para privarles de libertad. Como única alternativa a
las detenciones señalan el uso del potencial de las comunidades locales. Sin
embargo, no ofrecen ningún detalle más concreto. Tampoco precisan cómo, desde
su punto de vista, podría organizarse la comunicación entre los niños liberados
y sus padres que permanecerían recluidos.

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