El orgullo espacial ruso sufrió otro golpe el martes
cuando un cohete no logró colocar dos satélites de comunicaciones en sus
órbitas correctas, justo un día después de que la NASA depositó con éxito una
sonda robot en Marte.
Roscosmos, la agencia espacial de Rusia, informó que el
cohete Proton-M despegó poco antes de la medianoche del lunes del cosmódromo de
Baikonur, arrendado por Rusia en Kazajistán. La primera etapa del cohete,
llamada de empuje, funcionó muy bien, pero la etapa superior —destinada a dar
el impulso final a los satélites— se apagó antes de tiempo.
La agencia dijo que el mal funcionamiento del cohete dejó
los satélites varados en una órbita baja, donde no se pueden recuperar. Los
satélites son el ruso Express MD-2 y el indonesio Telkom-3.
"Los satélites se pueden dar por perdidos",
dijo la portavoz de Roscosmos, Anna Vedishcheva, a la televisora Rossiya.
La falla se produjo un día después de que la NASA logró
colocar en la superficie de Marte un laboratorio rodante del tamaño de un auto
compacto después de un viaje de ocho meses y 566 millones de kilómetros (352
millones de millas).
Una sonda rusa robot que buscaba estudiar una luna de
Marte se quedó varada en la órbita terrestre después de su lanzamiento en
noviembre. Al final se desplomó en enero.
Unos meses antes, un cohete Soyuz similar al que se usa
para transportar astronautas y carga a la Estación Espacial Internacional
falló, lo que hizo que los funcionarios llegaran a contemplar la posibilidad de
dejar la base orbital sin tripulantes. Las autoridades espaciales rusas dijeron
que finalmente localizaron la causa —defectos "accidentales" de
fabricación— y los lanzamientos del Soyuz se reanudaron.
Tales contratiempos ocurrieron tras otros fracasos. Rusia
perdió tres satélites de navegación en diciembre de 2010, luego un satélite
militar en febrero de 2011 y un satélite de telecomunicaciones en agosto de ese
año.
Las autoridades culparon a los lanzamientos fallidos de
la crisis industrial que trajo el fin de la Unión Soviética, que congeló la
modernización de un programa espacial alguna vez orgullo del país, que puso el
primer satélite en órbita y que envió al primer ser humano al espacio.
A pesar de un aumento constante de financiación gracias a
los ingresos del petróleo, el sector espacial ruso sigue dependiendo de equipos
obsoletos y especialistas envejecidos, al tiempo que los estándares de
producción se han degradado.
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