Cada vez son más, vienen de entornos
humildes y ofrecen su vientre por un dinero, que no ganarían en años, para dar
a luz a un niño que criarán otros: son madres de alquiler en la India, meca de
este tipo de fertilización asistida.
Varias de estas mujeres esperan a primera hora de la
mañana para someterse a un examen rutinario en una clínica de un barrio
céntrico de Nueva Delhi que practica unos 50 casos de subrogación al año.
El pequeño edificio que alberga la clínica, con una
bóveda central de techo alto, puertas de cristal y paredes de madera, es el
fortín de un conocido doctor local que recibe a las embarazadas entre gestiones
telefónicas y ataviadas con una indumentaria verde.
"Trabajaba en una casa como criada y me enteré de
esta posibilidad", explica a Efe Feroza.
A sus treinta años, esta mujer, que llegó hace dos a la
capital india procedente de Calcuta, tiene ya tres hijos propios y ahora espera
mellizos para un matrimonio indio afincado en Londres.
"Somos pobres y este no es un mal trabajo, estoy contenta.
Muchas amigas mías también lo hacen", confiesa.
Feroza dice que le gustaría "poder comprar una
casa" y "dar una buena educación" a sus hijos, que no "se
enteran de nada", pues todavía son "pequeños".
Como ella, miles de mujeres indias buscan mejor vida
ofreciendo sus servicios a alguna de las 500 clínicas del país y aceptan que se
les implante un óvulo fertilizado en su útero con el objetivo de dar a luz a un
niño que será criado por los interesados.
La subrogación fue legalizada en 2002 en la India y el
país se ha convertido desde entonces en destino habitual de extranjeros debido
a sus bajos precios, a la existencia de buenos profesionales y a que la
práctica está prohibida en casi todo el mundo, incluido España.
Feroza dice que no podría "querer" a los
futuros niños cuyos fetos porta en su vientre de la misma manera que a sus
hijos, y su marido Mohamed prefiere que esta sea la única y última vez que ella
recurra a este tipo de actividad.
"Nosotros tenemos problemas de dinero y ellos (la
familia biológica) están contentos así", zanja Mohamed, cuya profesión de
sastre solo reporta a la pareja 6.000 rupias al mes (108 dólares).
Si el parto sale bien, Feroza se embolsará al menos 6.300
dólares -un tercio de lo que recibe la clínica-, una cantidad que incluye una
mensualidad fija durante la gestación que dobla el salario de su esposo.
La baja renta de su marido fue también determinante para
que Lalita, una ama de casa de 35 años que espera un bebé para una pareja
homosexual de Noruega, decidiera adentrarse en su segunda experiencia como
madre de alquiler.
Anita, por su parte, está de visita en la clínica con el
objetivo de conseguir que su vientre sea escogido por una tercera vez pese a
que ya se aproxima a la cuarentena, una edad cada vez menos recomendable para
parir.
"La gente que no puede tener hijos está feliz, y a
nosotros nos resuelven un problema. Siento afecto por el bebé cuando nace pero
no me siento mal cuando se marcha con su familia", cuenta.
"A veces pienso en cómo estarán (los niños que dio a
luz) y en qué apariencia tendrán", agrega con una sonrisa.
La clínica que recurre a los servicios de estas tres
mujeres las permite residir en sus viviendas habituales con sus familias.
Muchos otros centros, en cambio, obligan a las madres de
alquiler a vivir durante la gestación en residencias en las que son sometidas a
férreos controles para evitar que beban alcohol o mantengan relaciones
sexuales.
A la espera de que el Parlamento indio apruebe un
proyecto de ley sobre la materia, la falta de regularización es un caldo de
cultivo para se registren también malas prácticas y se escuchen críticas de
explotación en medio de la eclosión de este negocio.
El borrador contempla, por ejemplo, la obligatoriedad de
un seguro médico para la madre subrogada, fija su edad máxima en 35 años y
limita a cinco el número de partos posibles, incluidos los de sus propios
hijos.
Así las cosas, la Embajada española en Nueva Delhi
"desaconseja fuertemente" acudir a la India con este propósito y
advierte de que "se pueden presentar consecuencias sanitarias graves para
el recién nacido" y "problemas legales para regresar a España".
Sin ir más lejos, un matrimonio de un español y una
hispano-argentina se topó recientemente con un problema documental con las
autoridades españolas y tuvo que recurrir a la Justicia argentina para dar la nacionalidad
de ese país a su hija Cayetana, nacida de un vientre de alquiler indio.

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