lunes, 20 de agosto de 2012

SATURAR A LOS NIÑOS CON TAREAS PROVOCA BAJO RENDIMIENTO


Con las primeras luces de la mañana, el niño inicia su faena. Se lava los dientes y se baña para, posteriormente, dirigirse al colegio donde permanecerá por cinco horas escuchando lecciones de matemática, castellano, ciencias y, otras que, particularmente no le atraen mucho.


Finaliza la mañana, pero no su jornada, que apenas ha cumplido a la mitad. Le espera un almuerzo y baño rápido, para continuar con “la escuelita” donde hace las tareas asignadas y, luego, clases de música que, dependiendo del día, se alternarán con las de kárate los martes y jueves, y natación los miércoles y viernes.

Como él, el aumento del número de niños con actividades extracurriculares es abrumador, y no por el hecho de que los más pequeños asuman prácticas ajenas a las de su escuela, sino por el tipo y la cantidad de horas que les dedican, lo que, en lugar de un beneficiarlos, puede causarles un mal mayor.

Laura Cáceres, psicopedagoga, afirma que es un planteamiento que depende de muchos aspectos. “Es errado pensar que la inteligencia del niño está ligada directamente a esto. Sin duda, existen actividades que benefician el rendimiento, pero guarda mucha relación con la capacidad y receptividad del infante”.

Cáceres explica que, buscando desarrollar aptitudes académicas, los padres caen en varios errores. En muchos casos, obligar a sus niños a éstas prácticas corresponde a un mecanismo de proyección, pues plasman en ellos algún deseo frustrado del pasado. Otro error es sobresaturar a los niños con tareas que no necesariamente son oportunas o de su agrado.

“Algunos piensan que con un régimen disciplinado en ciertas áreas están beneficiando a sus hijos, pero deben entender que no en todos los casos es igual. Los niños son individuos con necesidades distintas y, de acuerdo a esto, responderá a sus responsabilidades. Hay chicos que pueden manejar y disfrutan de dos o tres actividades extracurriculares, pero otros apenas pueden lidiar con una, y no tiene nada que ver con que sean más inteligentes o no”.

Actividades y escuela

Existen instituciones que desarrollan programas de labores extracurriculares para satisfacer la creciente demanda de éstas. Clubes de fútbol, voleibol, danza, teatro, ajedrez forman parte de la importante gama de tareas a las que un niño puede dedicarse en sus colegios.

Nuris Vargas, docente, insiste en que la inserción del estudiante dentro de cualquier campo debería ser un aspecto que los representantes consulten con los profesores. Esto, principalmente, porque son ellos quienes poseen conocimiento pleno de las fortalezas y debilidades del alumno.

“A veces sucede que, si algún chico dentro de la clase practica tres actividades, los padres quieren que su hijo haga lo mismo, o más, como si existiese alguna competencia. Otros no consultan a los maestros, y bombardean a sus niños con tareas innecesarias que no los favorecen. Incluso, no temen interrumpir sus labores dentro de la escuela por eso, sacándolos de clases temprano por alguna práctica”.

De esta forma, añade la docente, se refuerzan aptitudes y se debilitan otras por el simple deseo de que su hijo cumpla con un rígido programa extracurricular, que no en todos los casos resulta beneficioso.

Vargas destacó que “los peores casos son aquellos en que los padres no cuentan con el tiempo necesario para atenderlos y colman la agenda de sus hijos de labores para que estas ejerzan la función de niñeras. Lo que tenemos son unos padres ocupados y unos niños desatendidos, estresados y descontentos”.

El momento adecuado

De acuerdo con la psicopedagoga Laura Cáceres, los papás sabrán que los hijos están listos para dedicarse a una actividad extracurricular cuando ellos lo demanden, o muestren talento que ameriten desarrollar.

“Muchos piensan que una rígida rutina desde pequeños es lo ideal, o que si esperan a que crezcan habrá menos posibilidad para el éxito dentro de una disciplina y no es así. Nada mejor que, cuando el niño esté listo y se sienta en plena capacidad, manifieste su deseo y se dedique con todo amor y pasión a la tarea que eligió”.

Ciertamente, algunos adiestramientos, como el aprendizaje de idiomas, desarrollan talentos en los pequeños, pero esta no es la receta para el triunfo. La imposición puede generar la deserción de los hijos, lo que se traduce en la acumulación de fracasos y decepción, suficiente para una profunda depresión.

RECOMENDACIONES

1. Espere a que su hijo manifieste deseo de practicar alguna actividad
2. Converse con el docente sobre las capacidades y aptitudes de su niño
3. Consulte los lugares disponibles y programas establecidos antes de inscribir a su hijo en alguna actividad
4. No sature a su niño con labores, a menos que esté seguro de que puede asumir la responsabilidad y de que ésta no interfiere con las otras
5. Vea las actividades extracurriculares como una forma de diversión y desarrollo de su hijo, no como una competencia.

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