Con las primeras luces de la mañana, el niño inicia su
faena. Se lava los dientes y se baña para, posteriormente, dirigirse al colegio
donde permanecerá por cinco horas escuchando lecciones de matemática,
castellano, ciencias y, otras que, particularmente no le atraen mucho.
Finaliza la mañana, pero no su jornada, que apenas ha
cumplido a la mitad. Le espera un almuerzo y baño rápido, para continuar con
“la escuelita” donde hace las tareas asignadas y, luego, clases de música que,
dependiendo del día, se alternarán con las de kárate los martes y jueves, y
natación los miércoles y viernes.
Como él, el aumento del número de niños con actividades
extracurriculares es abrumador, y no por el hecho de que los más pequeños
asuman prácticas ajenas a las de su escuela, sino por el tipo y la cantidad de
horas que les dedican, lo que, en lugar de un beneficiarlos, puede causarles un
mal mayor.
Laura Cáceres, psicopedagoga, afirma que es un
planteamiento que depende de muchos aspectos. “Es errado pensar que la
inteligencia del niño está ligada directamente a esto. Sin duda, existen
actividades que benefician el rendimiento, pero guarda mucha relación con la
capacidad y receptividad del infante”.
Cáceres explica que, buscando desarrollar aptitudes
académicas, los padres caen en varios errores. En muchos casos, obligar a sus
niños a éstas prácticas corresponde a un mecanismo de proyección, pues plasman
en ellos algún deseo frustrado del pasado. Otro error es sobresaturar a los
niños con tareas que no necesariamente son oportunas o de su agrado.
“Algunos piensan que con un régimen disciplinado en
ciertas áreas están beneficiando a sus hijos, pero deben entender que no en
todos los casos es igual. Los niños son individuos con necesidades distintas y,
de acuerdo a esto, responderá a sus responsabilidades. Hay chicos que pueden
manejar y disfrutan de dos o tres actividades extracurriculares, pero otros
apenas pueden lidiar con una, y no tiene nada que ver con que sean más
inteligentes o no”.
Actividades y escuela
Existen instituciones que desarrollan programas de
labores extracurriculares para satisfacer la creciente demanda de éstas. Clubes
de fútbol, voleibol, danza, teatro, ajedrez forman parte de la importante gama
de tareas a las que un niño puede dedicarse en sus colegios.
Nuris Vargas, docente, insiste en que la inserción del
estudiante dentro de cualquier campo debería ser un aspecto que los
representantes consulten con los profesores. Esto, principalmente, porque son
ellos quienes poseen conocimiento pleno de las fortalezas y debilidades del
alumno.
“A veces sucede que, si algún chico dentro de la clase
practica tres actividades, los padres quieren que su hijo haga lo mismo, o más,
como si existiese alguna competencia. Otros no consultan a los maestros, y
bombardean a sus niños con tareas innecesarias que no los favorecen. Incluso,
no temen interrumpir sus labores dentro de la escuela por eso, sacándolos de
clases temprano por alguna práctica”.
De esta forma, añade la docente, se refuerzan aptitudes y
se debilitan otras por el simple deseo de que su hijo cumpla con un rígido
programa extracurricular, que no en todos los casos resulta beneficioso.
Vargas destacó que “los peores casos son aquellos en que
los padres no cuentan con el tiempo necesario para atenderlos y colman la
agenda de sus hijos de labores para que estas ejerzan la función de niñeras. Lo
que tenemos son unos padres ocupados y unos niños desatendidos, estresados y
descontentos”.
El momento adecuado
De acuerdo con la psicopedagoga Laura Cáceres, los papás
sabrán que los hijos están listos para dedicarse a una actividad
extracurricular cuando ellos lo demanden, o muestren talento que ameriten
desarrollar.
“Muchos piensan que una rígida rutina desde pequeños es
lo ideal, o que si esperan a que crezcan habrá menos posibilidad para el éxito
dentro de una disciplina y no es así. Nada mejor que, cuando el niño esté listo
y se sienta en plena capacidad, manifieste su deseo y se dedique con todo amor
y pasión a la tarea que eligió”.
Ciertamente, algunos adiestramientos, como el aprendizaje
de idiomas, desarrollan talentos en los pequeños, pero esta no es la receta
para el triunfo. La imposición puede generar la deserción de los hijos, lo que
se traduce en la acumulación de fracasos y decepción, suficiente para una
profunda depresión.
RECOMENDACIONES
1. Espere a que su hijo manifieste deseo de practicar
alguna actividad
2. Converse con el docente sobre las capacidades y
aptitudes de su niño
3. Consulte los lugares disponibles y programas
establecidos antes de inscribir a su hijo en alguna actividad
4. No sature a su niño con labores, a menos que esté
seguro de que puede asumir la responsabilidad y de que ésta no interfiere con
las otras
5. Vea las actividades extracurriculares como una forma
de diversión y desarrollo de su hijo, no como una competencia.

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